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4 Hábitos mentales que generan exceso de peso (según la ciencia)

ESCRITO POR Thomas.Hábitos Saludables, Motivación Personal, Perder Peso.0 Comentarios

¿Tienes exceso de peso y no sabes qué dieta usar para bajarlo?

Te entiendo, como nutricionista reconozco que esos kilos que te sobran en ocasiones, no sólo tienen que ver con la comida.

En su reporte anual de tan solo un par de años atrás, la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmaba que durante el año 2016, más de 1900 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso, siendo la mitad obesos.

No es ningún secreto que, estas cifras empeoran año tras año. Sin embargo, cada día surge un nuevo tratamiento o dieta para solucionar esta situación.

De acuerdo con Gary Foster- Director Clínico del Programa de Trastornos de Sobrepeso de la Universidad de Pensilvania-, alrededor del 65% de las personas que lograron perder peso, terminan recuperando los kilos perdidos en los primeros 3 años.

Adicionalmente, se estima que los gastos médicos relacionados a la obesidad hacen que desembolses un promedio de $1,429 dólares extra por año en tu salud.

 

Es por eso que el día de hoy, te daré los 4 hábitos mentales más comunes que contribuyen a tu exceso de peso y que no se solucionan con una dieta:

Hábito mental #1: Tus pensamientos afectan tu relación con los alimentos que comes

Con el avance de la tecnología, la información con respecto a nutrición, dietas y pérdida de peso se ha difundido más y en ocasiones, de una forma inadecuada.

Cada día escuchas versiones contradictorias que te hacen creer que no puedes comer casi nada si quieres mantenerte saludable:

  • Escuchas que los carbohidratos contribuyen al aumento de peso y enseguida encuentras como solución quitarlos de tu alimentación.
  • Que las grasas son tu peor enemigo, especialmente las saturadas
  • Que las proteínas de origen animal pueden arruinar tus riñones
  • Que los dulces engordan
  • Que los lácteos causan supuesta acidosis
  • Y que, hasta algunas frutas como el mango, las uvas y la banana no son buenas a la hora de quemar grasa.

Si sumas todo esto… no queda mucho para comer, ¿no lo crees?

En otras palabras, de tanta información -no necesariamente cierta- te generas una serie de ideas de los alimentos y en función de ello, te relacionas con ellos.

En este sentido, crees que algunos alimentos son malos y tienes que eliminarlos a pesar de que te gusten.

De hecho, según un estudio de la Universidad de Princeton, esta relación puede causar picos de dopamina, que afecta tu circuito límbico.

Tiene lógica, ¿Cómo te vas a quedar con algo que “supuestamente” te hace mal?

Como consecuencia de ello, restringes tanto tu alimentación hasta el punto de quedar comiendo pollo y verduras -si es que comes proteína de origen animal-.

Sin embargo, sigues con ganas de comer esos alimentos llamados “malos” y como no te das el permiso, el deseo se reprime y se acumula.

…Hasta que un día los pruebas y no puedes parar, comes todo aquello que no podías comer -según la teoría- ¡y acabas con culpa!

Sin darte cuenta, te comiste todo aquello que era supuestamente malo, te sientes mal y decides volver a quitarlos de tu alimentación, es así como se vuelve a repetir el ciclo.

En definitiva, no se trata de tu fuerza de voluntad, ni de tu motivación.

Ahora si revisas lo que está pasando, el problema no está en la comida, por lo tanto una dieta no va a ser efectiva en este punto.

¿Cuál es la solución? Revisa lo que piensas de la comida porque en función de eso tomas tus decisiones con respecto a ella, ya sea que la comas o no.

Por cierto, te recomiendo que revises estas reglas de motivación esenciales para perder peso de Revolución Salud. Van a ayudarte bastante con esto de “reprogramar tu mente”.

Recuerda:

No existe alimento bueno o malo, todos los alimentos tienen la capacidad de engordarte cuando son comidos en exceso.

 

Hábito mental #2: El culparte por comer

Somos humanos, no somos perfectos, son frases que constantemente le repito a mis pacientes, porque el látigo constante sólo los lleva a la inacción y a comer demás.

En ocasiones vas a comer más de la cuenta, eso va a pasar. Es parte de tu experiencia con la comida, así que deja de querer ser perfecto en todo.

Hay alimentos que te gustan más que otros y habrá momentos en donde los comas sin pensar en si estaba o no en tu plan de alimentación.

¡Date el permiso y sigue con tu vida!

Caer en la culpa después de comer algo que supuestamente no podías comer, o excederte en las cantidades, sólo te llevará a sentirte mal, pudiendo seguir comiendo más y más.

Así es que, en un estudio sobre hábitos de alimentación, los científicos de la Universidad de Michigan descubrieron que cuando eres adicto, no puedes parar de comer lo que más te gusta.

Esto se debe a la creencia popular: Si ya comí algo que no debía, voy a seguir comiendo, igual ya rompí la dieta.

Cuando realmente no importa si comiste algo que no estaba en tu plan de alimentación, al final es la suma de todo lo que comes lo que puede llevarte a aumentar tu peso.

Tomar como cierto esta creencia sólo te lleva a llenarte de alimentos de los cuales no pensabas comer y al final, el exceso de peso es mayor.

Mientras más te enfrasques en lo que pasó, menos disfrutas el presente y hay mayores probabilidades de que comas más. En otras palabras, ya que no estás pendiente de lo que te llevas a la boca.

En conclusión: La alimentación no es perfecta (¡y eso es genial!).

Realiza los cambios progresivamente y deja de prestarle atención a los pensamientos de culpa.

 

Hábito mental #3: No reconoces cuando tienes hambre

La comida aporta energía y nutrientes necesarios para el mantenimiento de las funciones de tu organismo.

Adicionalmente, el cuerpo humano está tan perfectamente estructurado que te avisa cuando comer y en qué momento dejar de hacerlo.

¿Cómo te avisa? Por medio de señales o síntomas, de la misma manera como te avisa cuando estás enfermo o necesitas un descanso.

Si tu cuerpo te avisa cuando necesita comer, ¿por qué existen personas que comen todo el tiempo?

Puede suceder que no reconozcas el hambre o la confundas con otras señales, como por ejemplo la sed.

Todos  enseñan cómo alimentarte -es fácil encontrarlo en internet-, pero pocos le dan importancia al reconocer el hambre y por supuesto, si no sabes cómo reconocerla, vas a comer cuando crees y no cuando realmente lo necesitas.

Además las señales pueden variar en cada cuerpo, por lo que no existe una guía para saber cuando tienes hambre.

Así es, DEBES conocerte.

La manera más fácil e hacerlo, es comenzando por observarte sin caer en los juicios.

Como referencia podría decirte alguna de las señales de hambre que he observado en mí:

  • dolores de cabeza
  • ruidos estomacales
  • ardor en la boca del estómago

Sin embargo, algunos de mis pacientes han experimentado hasta dolor de cabeza y mal humor, por lo que no tomes esto como una regla y conócete.

Para otras personas, el hambre es tener deseo de probar ciertos alimentos o tener simplemente ganas de comer, pero en este caso es importante señalar que el hambre se manifiesta en tu cuerpo, no en algo externo.

Entonces si tienes deseo de probar alimentos no necesariamente significa que tienes hambre.

No reconocer cuando tienes hambre conlleva a que comas en momentos donde tu cuerpo no lo necesita y sumado a esto, tampoco te das cuenta de la señal de saciedad porque nunca estuviste “vacío”.

En definitiva, reconocer el hambre te va a ayudar para saber cuándo comer y así mismo, poder percibir cuando estés satisfecho.

 

Hábito mental #4: No estás presente cuando comes.

Cada día es más frecuente la falta de presencia ante las situaciones, circunstancias o eventos que se nos presentan, incluso en las relaciones con otros seres humanos.

Por ejemplo, según una encuesta de la Universidad de Ohio, hasta 1500 peatones han sido tratadas en emergencias debido a accidentes por caminar distraídos con sus celulares.

Esto es producto de la necesidad colectiva de hacer varias cosas en un mismo momento, el pensamiento de que el tiempo es tan escaso que se tiene que aprovechar cada minuto.

El momento de la comida también se ve afectado por el mismo problema.

Por ejemplo, muchas personas podrían estar comiendo y haciendo otras cosas en el mismo instante: ya sea ver televisión, manejar el teléfono, conversar entretenidamente o incluso ir manejando.

En ocasiones también estás tan preocupado o estresado que cuando comes, estás en tu mente y no percibiendo los sabores de tus alimentos.

Estar haciendo varias cosas al mismo tiempo te dispersa, hace que te pierdas ciertos detalles y en cuanto a la comida, no te das cuenta que estás comiendo.

En definitiva dejas de percibir los sabores, olores, no masticas adecuadamente y por lo tanto, tu cerebro no recibe la señal para liberar la hormona de saciedad.

Así es cómo te vuelves un robot mientras comes. Terminas comiendo hasta que tomas consciencia de que ya no queda nada en el plato.

Como consecuencia, te quedas con la sensación de que no comiste y repites alimentos, generando así un exceso de comida que se va directo a tus depósitos de grasa.

Ahora lo que te debes preguntar es ¿realmente estás presente cuando comes?

Si tu respuesta es no, empieza a concentrarte en lo que vas a comer, tomate tu tiempo para organizar tu plato y hacer la mesa.

Siéntate a comer en un entorno tranquilo, alejado de un ruido fuerte y dispositivos tecnológicos que puedan distraerte.

Si eres de esos que necesitan conversar mientras te alimentas, intenta que sea una conversación tranquila y no dejes de percibir el sabor de tus alimentos.

Date cuenta de lo que estás comiendo, elige el sabor que más te gusta, mastica con calma cada bocado y suelta los cubiertos de vez en cuando.

Observa la comida, su forma y lo que te gusta del menú que consumes. Además, mantén presente que estás comiendo y nada más.

El tiempo de comida es un momento que dedicas para ti, en el que le das a tu organismo lo necesario para que sigas disfrutando de la vida.

Si estás molesto, triste o estresado, no comas- espera a que la calma retorne y en ese momento, prueba alimentos si es necesario.

El exceso de peso no sólo se ve afectado por lo que comes, sino también las razones por las que comes.

Ahora te toca a ti: ¿cuál de estos 4 errores es el que más afecta tu vida?

 

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