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DIETA, HUMOR Y ANSIA – Somos lo que comemos.

ESCRITO POR Thomas.Hábitos Saludables.0 Comentarios

La dieta que seguimos influye en nuestro estado de ánimo y en la angustia percibida, que a su vez dirige nuestras elecciones hacia la comida que elegimos (si estás triste come un poco de chocolate, si estás estresado y bajo presión prefieres la comida rápida). Comemos no sólo para satisfacer la sensación de hambre: comemos porque nuestro cuerpo necesita nutrientes, ingredientes activos que activan y mejoran la función de las hormonas y neurotransmisores clave, como la serotonina, la hormona de la felicidad. Es un neurosensor que regula la digestión en el sistema digestivo, mientras que en el sistema nervioso central es esencial regular el estado de ánimo, el sueño, el apetito, el aprendizaje y la memoria.

Comer bien protege contra el descontento, la depresión y la ansiedad, porque la serotonina no sólo está implicada en los trastornos depresivos, sino también considerablemente en los trastornos de ansiedad.

Previniendo la Depresión Dietética
Los trastornos depresivos (trastorno depresivo intermitente, trastorno depresivo persistente o distimia) afectan a adultos, niños y adolescentes. No es un estado mental triste y pasajero, sino una presencia persistente de tristeza intensa, baja autoestima, estallidos de lágrimas, sentimientos de devaluación, somnolencia y cansancio exasperado, abulia, falta de interés y placer por las actividades, pensamientos suicidas. Los síntomas típicos de la depresión relacionados con la dieta son alteraciones del apetito y pérdida de peso (-5% por mes) o aumento del apetito, con el riesgo de desarrollar trastornos alimentarios (anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y trastorno por atracón).

Una dieta hipocalórica es un factor de riesgo para el inicio del trastorno depresivo. Las personas con depresión deben seguir los consejos de un nutricionista, ya que algunas sustancias interfieren con los antidepresivos (por ejemplo, la toronja puede alterar el ingrediente activo de los medicamentos). Las dietas contra la depresión deben ser calóricas normales, asociadas con la actividad física y la exposición a la luz solar.

Unos pequeños consejos:

– Desayuno por la mañana, ya que proporciona un nivel adecuado de energía y buen humor.

– No se recomienda tomar hidratos de carbono (o azúcares) que aumentan los niveles de serotonina y las dietas que los excluyen, ya sea en ausencia o en presencia de trastornos depresivos: los cereales, como el pan, la pasta y el arroz, preferiblemente de trigo entero, se absorben lentamente, manteniendo niveles estables de energía y azúcar en sangre, y estabilizan el estado de ánimo.

– Tomar “alimentos nerviosos” que estimulan los neurotransmisores cerebrales e influyen en el metabolismo, mejorando la concentración y la somnolencia: café, té, alimentos con cacao.

– Comer alimentos con minerales y vitaminas (el cromo es importante para aumentar los niveles de serotonina y melatonina que ayudan a regular las emociones y el estado de ánimo; ácido fólico; hierro; magnesio que participa en el desarrollo de la serotonina; vitamina B12, cuyos bajos niveles pueden tener peso en trastornos como dificultades de razonamiento, paranoia y depresión; vitamina D, cuyos bajos niveles se asocian con síntomas depresivos; zinc y selenio, cuyos bajos niveles pueden conducir a la depresión; ácidos grasos poliinsaturados omega 3 para contrarrestar el efecto depresivo).

Combatir la ansiedad y el estrés con dieta
Los trastornos de ansiedad también afectan a adultos, jóvenes y niños (trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de ansiedad social, fobias específicas, trastorno de ansiedad por separación y mutismo selectivo en niños, trastorno de pánico y otros).

Una dieta incorrecta aumenta el estado de tensión con implicaciones negativas para nuestro sistema inmunológico, aumentando el estrés y la ansiedad. Aquellos que acusan la angustia tienden a alimentarse incorrecta, mal y rápidamente, alterando el equilibrio hormonal con la liberación excesiva de adrenalina – ataque hormonal / escape. Una liberación excesiva de adrenalina no se absorbe correctamente y tiene un efecto negativo en los sistemas digestivo, circulatorio y nervioso. Por lo tanto, tendrá más estrés, más cortisol (hormona que predispone al hambre nerviosa) aumentando la posibilidad de desarrollar un trastorno alimentario. Una dieta adecuada y equilibrada ayuda a prevenir el estrés, mientras que una dieta obsesivamente saludable puede llegar a ser verdaderamente “estresante”. La ansiedad también puede empeorar considerablemente con la deshidratación, que causa entumecimiento, fatiga e irritabilidad, incluso llevando a una disminución real de nuestras capacidades físicas y mentales.

Perturbaciones en la fuente de alimentación – DCA
Comer de forma sana y equilibrada puede prevenir los trastornos alimentarios, especialmente en niños y adolescentes, que son los primeros en estar expuestos a este riesgo. Los trastornos alimenticios están frecuentemente asociados con depresión, abuso de sustancias y trastornos de ansiedad. El control de las calorías, el comportamiento compensatorio o el ejercicio excesivo pueden ser intentos de controlar y manejar la ansiedad y el estrés. El DCA puede ser comórbido con el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG), el Trastorno de Ataque de Pánico (PAP), la Fobia Social, la Fobia Específica y la Depresión.

Categorías: Hábitos Saludables
Etiquetas: #ansiedad, #dieta

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